Cuando preguntamos o hablamos con amigos y conocidos sobre la clase política, no se suele hablar bien de ellos. Existe una desconexión entre la sociedad civil y los políticos. Una brecha que cada día es mayor, y con el peligro de convertirse en irreversible. Los motivos que se exponen son muchos, pero existe uno que me llama, especialmente, la atención: el interés personal frente al interés general.
La percepción que, mayoritariamente, observamos es la que prevalecen los intereses particulares (o de partido) al interés general. Mientras esta visión no se modifique no va a ser posible una participación mayor de la ciudadanía en la sociedad, tan necesaria e imprescindible como la de los políticos, para el bien de la democracia y del estado de derecho.
Que los ciudadanos crean que para el político lo primero es él, su bienestar y su futuro personal, y después los demás, es malo, muy malo para cualquier país.
Es por esto, que las personas que nos dedicamos a la política (o su entorno), debemos de ser conscientes de la importancia de anteponer el interés general a cualquier otro. Sólo desde una perspectiva amplía, abierta y con un profundo sentido de estado, se puede conectar con la ciudadanía.
En nuestras manos está, recuperar el liderazgo político. Para ello debemos encaminar todas nuestras acciones hacia un profundo cambio de paradigma: anteponer el interés general al interés particular.
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