miércoles, 14 de diciembre de 2011

Somos libres en todo aquello que no interesa al poder

La realidad no es la que creemos vivir. Las personas nos hallamos sometidas a un adormecimiento continuo, que nos produce una falsa sensación de felicidad.   Ese adormecimiento, o soma, lo inoculamos por la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto; a través de espectáculos como el fútbol; o por medio de tapones que nos permiten no escuchar, y por lo tanto, hacer oídos sordos a lo que se discute en el Parlamento Europeo sobre la “legal” retención de ciudadanos no europeos que se encuentren en nuestro suelo de forma irregular; o con el mundo rosa, para el que se necesita un gran estomago para tragar todas las vísceras que nos muestran; o lo que nuestra nariz ingiere con las diversas corruptelas que nos llegan desde todos los ámbitos: políticos, empresariales o académicos; o cuando nuestras manos depositan su voto en la urna para elegir representantes de unas listas cerradas y bloqueadas. En definitiva, vivir, en apariencia, felices gracias a la somnolencia en la que se encuentran todos nuestros sentidos.
El estado en el que nos hallamos no es espontáneo, ni fruto del azar. Todo lo contrario, es una maniobra muy bien orquestada por la clase dominante: político-académico-mediático-religioso-empresarial. Esta clase social o casta, son los amos y señores de todos nosotros. Nos proporcionan soma suficiente para mantenernos narcotizados con sus efectos durante el tiempo que ellos quieren. Ostentan el poder sin límites, sin control alguno. Quien desee formar parte de esta clase debe mostrar servilismo y acatamiento a las reglas del juego marcadas. Sólo acceden a ella los seguidores inquebrantables de su dogma. Cada clase actúa dentro de su demarcación con total impunidad y bajo el control de ellos mismos. Y todo, ante la somnolienta sociedad civil que acata y no protesta: es feliz, bueno, eso cree.
La clase política, entre otras muchas acciones que comete, se encuentran las de los gastos sin justificar en el Parlamento Europeo o que en siete años los parlamentarios españoles logren el máximo de la pensión de jubilación mientras que al resto nos cuesta treinta y cinco; en el mundo académico, donde debería primar la inteligencia y el conocimiento, se realiza una selección negativa de la especie para que la mediocridad se imponga; en el universo mediático nos muestra lo que son: altavoces de sus señores, los partidos políticos; en la empresa, bajo la denominada agenda de contactos nos salpica todo un entramado de tráfico de influencias con los puentes bien cimentados y tendidos entre administración pública y sector privado difícil de distinguir; y por último las organizaciones religiosas, que actúan sectaria y concupiscentemente  con el resto de las castas.

Como diría Cicerón: “¡Quousque tandem abutere...!”

lunes, 28 de noviembre de 2011

Sistema Político


Me parece una reflexión más que interesante realizada por el profesor Suñé.

“… en España, el sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas ha oligarquizado la mayor parte del sistema político, si bien conserva  elementos democráticos que, dadas las características del sistema, no pueden ser sino radicalmente demagógicos. Los parlamentarios, en un contexto en el que las listas vienen prefabricadas desde las cúpulas de los partidos, no representan a nadie más que a la oligarquía que los designa. El pueblo, presionado por todos los artilugios demagógicos imaginables y hasta inimaginables —de los que por supuesto forma parte la compra de votos a cargo del erario público, bajo la benefactora apariencia de medidas sociales—, se limita, en un sistema de estas características, a escoger oligarquía.
¿Cómo se mantiene semejante fraude? La respuesta es muy sencilla, con dinero, en su mayor parte obtenido coactivamente a través del sistema fiscal. Los ciudadanos estamos expropiados de cualquier poder de decisión efectivo; pero la clase media, es decir, la clase que paga impuestos, se ve obligada a financiar, a través del sistema fiscal, los desmanes de las oligarquías de los partidos, a través de la ampliamente mayoritaria financiación pública de los mismos —de los asentados, se entiende—, lo que constituye una barrera disuasoria para cualquier nueva opción política, incluida la remota posibilidad de que surgiera alguna con auténticas ansias regeneradoras. Es decir, que el supuesto mercado electoral es un oligopolio donde no existe posibilidad alguna de defensa de la libre concurrencia. El círculo se cierra con otras financiaciones coactivas, como las de los militantes de los partidos con cargo, que deben dar parte de su sueldo al partido; es decir, más dinero, que en última instancia sale del erario público; pero con la nefasta pedagogía para los cargos públicos de tener un origen viciado e irregular.
La otra parte de la financiación de los partidos políticos viene de la plutocracia que gobierna en última instancia el país, que en la España de hoy está significativamente vinculada al sector financiero y al de la construcción. Si a eso le sumamos el dinero público que se emplea en propaganda —televisiones públicas—, o en la aludida compra de votos a través de supuestas medidas benefactoras, el círculo de la oligarquización del poder en la forma mixta de desgobierno —cuando no pura y simple demagogia—, continúa cerrándose en España…”

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿Se conocen nuestros políticos?

El presidente Rodríguez Zapatero ha anunciado, oficialmente, la convocatoria de las elecciones generales para el próximo 20 de noviembre.
Se abre una carrera desenfrenada, que ya había comenzado, hacia la conquista de la Moncloa. Casi todos los focos observan al milímetro a los dos candidatos que, objetivamente, poseen las opciones de ganar: Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE) y Mariano Rajoy (PP).
Además de los dos cabezas de cartel, concurren cientos de mujeres y hombres para conseguir uno de los 350 escaños del congreso y los 208 del senado. Sin contar los innumerables cargos de confianza, asesores o asistentes, que también desempeñan un papel importante y que de una manera o de otra, también los elegiremos para que nos representen.
Indagando en la formación y capacitación de la mayoría, nos encontramos con que casi todos tienen estudios universitarios, lo cual está muy bien, aunque poseer una titulación universitaria no es garantía de nada. La mayoría acredita experiencia y formación política; y muchos, además, carrera profesional, casi todos liberales.
Me gustaría saber cuántos de todas las personas que nos representarán a partir del 20 de noviembre se han preocupado de su formación como personas para mejorar el desempeño de su actividad. Cuántos de ellos se han parado a observarse, a mirarse por dentro con detenimiento para lograr el autoconocimiento, que es el punto de partida para ponernos al servicio de los demás.
¿Alguno ha identificado sus valores y ha clarificado sus motivaciones por la que se encuentra en la política? Por cierto, ¿Son ecológicas con la sociedad y con ellos mismos?
¿Cuántos  se han  preguntado si son competentes para determinar sus habilidades y fortalezas?
¿Y son capaces de distinguir la comunicación coherente tanto digital como analógica?
 ¿Sabemos si fomentan a diario la escucha activa?
¿Y el diálogo?
¿Y la empatía?
¿Cuántos desarrollan un espíritu real de equipo, de colaboración y competencia?
¿Creéis que si todas las personas que concurren en las próximas elecciones se trabajaran algunos de los aspectos señalados los políticos seguirían estando en el farolillo rojo de la clasificación de los menos apreciados por los ciudadanos? ¿Creéis que si se preocuparan por saber quiénes son existiría ese abismo que en la actualidad se da entre gobernantes y gobernados?
Parafraseando a Sócrates, conocerse a uno mismo…es el “buen” comienzo de todo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un regalo


Buscando entre unos papeles míos muy antiguos, me he encontrado con una especie de poesía. Aunque no tiene nada que ver con la temática, si me gustaría compartirla con vosotros:

Shhh!!! Escucha atento,
dicen que el viento
lleva el aliento
de amantes que retozaron entre estas flores,
derramaron y se mezclaron con el polen,
transformándolo en la miel de un beso,
en la caricia de dos cuerpos
que ahora no son más que un susurro eterno…

miércoles, 22 de junio de 2011

El Coaching para políticos


Con todos los acontecimientos que se están produciendo en nuestra sociedad, estoy cada vez más convencido de lo importante que sería que los políticos se hicieran acompañar por un Coach, o, al menos, que probaran un proceso real.

Sin duda, les abriría una nueva perspectiva sobre ellos mismos y sobre lo que les rodea. Lograrían conectar, de forma sincera y responsable, con los ciudadanos.  Sabrían leer las emociones de las personas con las que se relacionan, y se hallarían en posesión de nuevas herramientas para dar respuestas acordes con el momento que están viviendo.

El coaching político, o para políticos, se trabaja desde tres perspectivas fundamentales: En primer lugar, la persona, con toda la carga de vida; después, la relación con el partido; y por último, el vínculo con los ciudadanos.

Es básico conseguir un equilibrio entre los tres vértices. Cuando falla alguno, nos encontramos con políticos que sólo miran por su interés, que no quieren ni saben escuchar y, además, pierden su visión de servidor público.

Si nuestros políticos se dedicaran unos minutos a la semana a reflexionar sobre el grado de armonía entre los tres puntos de trabajo del coaching político, la sociedad ganaría y ellos, sin duda, serían mejores políticos, mejores personas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Errores

Entre la clase política, y también en el resto de mortales,  suele estar muy mal visto el cometer errores. Como si todos naciéramos sabiendo y fuera el mayor pecado el equivocarnos.
Como consecuencia, se tiende a buscar un modelo de perfección que claramente no existe. Lo malo es que genera tal nivel de ansiedad y estrés lograrlo que, habitualmente, se transforma en un escondite de inseguridades y miedos para transmitir una imagen de lo que no somos. Estos temores nos llevan a negar errores o fallos que son palpables para los demás.
Para conseguir quitarnos ese estigma, y ser capaces de afrontar nuestros  errores como algo consustancial al ser humano, podemos utilizar lo que en PNL se conoce como metamodelo, que a través de la secuencia de preguntas conseguirán modificar nuestras creencias limitantes.
Así, podríamos preguntar: ¿Qué pasa si cometes un error o fallo?, ante la respuesta, rebatiríamos con un ¿y qué hay de malo en ello? ¿Qué sería lo peor que te podría ocurrir? ¿No conoces a alguien que haya cometido y asumido errores, y que mantenga su prestigio?
La batería de preguntas llegaría hasta que la persona aprecie, por el mismo, que no sucede nada por cometer y reconocer los errores. Es más, todo lo contrario, ya que fomenta la empatía con nuestros semejantes.
¿No sentiríamos más cercanos a nuestros políticos si admitieran abiertamente que se equivocan? ¿No crees que se ganarían la confianza de la ciudadanía?
 Y tú, ¿reconoces y asumes tus errores?