Con todos los acontecimientos que se están produciendo en nuestra sociedad, estoy cada vez más convencido de lo importante que sería que los políticos se hicieran acompañar por un Coach, o, al menos, que probaran un proceso real.
Sin duda, les abriría una nueva perspectiva sobre ellos mismos y sobre lo que les rodea. Lograrían conectar, de forma sincera y responsable, con los ciudadanos. Sabrían leer las emociones de las personas con las que se relacionan, y se hallarían en posesión de nuevas herramientas para dar respuestas acordes con el momento que están viviendo.
El coaching político, o para políticos, se trabaja desde tres perspectivas fundamentales: En primer lugar, la persona, con toda la carga de vida; después, la relación con el partido; y por último, el vínculo con los ciudadanos.
Es básico conseguir un equilibrio entre los tres vértices. Cuando falla alguno, nos encontramos con políticos que sólo miran por su interés, que no quieren ni saben escuchar y, además, pierden su visión de servidor público.
Si nuestros políticos se dedicaran unos minutos a la semana a reflexionar sobre el grado de armonía entre los tres puntos de trabajo del coaching político, la sociedad ganaría y ellos, sin duda, serían mejores políticos, mejores personas.
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