El presidente Rodríguez Zapatero ha anunciado, oficialmente, la convocatoria de las elecciones generales para el próximo 20 de noviembre.
Se abre una carrera desenfrenada, que ya había comenzado, hacia la conquista de la Moncloa. Casi todos los focos observan al milímetro a los dos candidatos que, objetivamente, poseen las opciones de ganar: Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE) y Mariano Rajoy (PP).
Además de los dos cabezas de cartel, concurren cientos de mujeres y hombres para conseguir uno de los 350 escaños del congreso y los 208 del senado. Sin contar los innumerables cargos de confianza, asesores o asistentes, que también desempeñan un papel importante y que de una manera o de otra, también los elegiremos para que nos representen.
Indagando en la formación y capacitación de la mayoría, nos encontramos con que casi todos tienen estudios universitarios, lo cual está muy bien, aunque poseer una titulación universitaria no es garantía de nada. La mayoría acredita experiencia y formación política; y muchos, además, carrera profesional, casi todos liberales.
Me gustaría saber cuántos de todas las personas que nos representarán a partir del 20 de noviembre se han preocupado de su formación como personas para mejorar el desempeño de su actividad. Cuántos de ellos se han parado a observarse, a mirarse por dentro con detenimiento para lograr el autoconocimiento, que es el punto de partida para ponernos al servicio de los demás.
¿Alguno ha identificado sus valores y ha clarificado sus motivaciones por la que se encuentra en la política? Por cierto, ¿Son ecológicas con la sociedad y con ellos mismos?
¿Cuántos se han preguntado si son competentes para determinar sus habilidades y fortalezas?
¿Y son capaces de distinguir la comunicación coherente tanto digital como analógica?
¿Sabemos si fomentan a diario la escucha activa?
¿Y el diálogo?
¿Y la empatía?
¿Cuántos desarrollan un espíritu real de equipo, de colaboración y competencia?
¿Creéis que si todas las personas que concurren en las próximas elecciones se trabajaran algunos de los aspectos señalados los políticos seguirían estando en el farolillo rojo de la clasificación de los menos apreciados por los ciudadanos? ¿Creéis que si se preocuparan por saber quiénes son existiría ese abismo que en la actualidad se da entre gobernantes y gobernados?
Parafraseando a Sócrates, conocerse a uno mismo…es el “buen” comienzo de todo.
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