Quiero compartir con vosotros esta historia:
Un joven discípulo de un sabio llegó a casa de éste y le dijo:
-Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia.
-¡Un momento!-le interrumpió el sabio-¿ya pasaste por los tres filtros lo que vas a contarme?
-¿Los tres filtros?-respondió extrañado el discípulo.
-Sí. El primer filtro es el de la verdad. ¿Estás seguro de que lo que me quieres decir es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás pasado por el segundo filtro, que es el de la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario.
-¡Ah! Estoy seguro que lo pasaste por el tercero, ¿no? El filtro de la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces-dijo el sabio sonriendo- si no sabes si es verdadero, si no es bueno ni necesario...sepultémoslo en el olvido.
Espero que os haya gustado. ¿No creéis que deberíamos poner los tres filtros a muchas cosas?
Eso lo he leído justo ayer en el libro de Confianza Total de Verónica de Andrés. Saludos Vicente y enhorabuena por tu blog. Diseño sencillo y chulo ;)
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